| Introducción
Por modismos como el "vos" o "sabés" nos daremos cuenta de que Juan es argentino. Un muchacho que convive con el virus del sida (VIH ó HIV) desde hace mucho tiempo. En todos esos años, Juan aprendió mucho sobre la enfermedad. Hoy puede enseñarnos sobre el sida, y sobre mucho más.
– ¿Hace mucho que convivís con el virus? – Hace más de diez años.
– ¿Cómo lo llevás? – Bien. Ahora bien. Si me comparo con el que fui los primeros meses, al enterarme de que estaba infectado, diría que muy bien. Al principio fue muy duro. No sabés cuánto, no lo puedo explicar. Yo antes pensaba que uno podía comprender a los demás, lo que les pasa, cómo se sienten. Pero después de lo que me pasó, pienso que no se puede. Que sólo uno sabe lo que le toca vivir. Yo ahora respeto mucho más el sufrimiento del otro, qué se yo, la historia de los demás. Porque hay cosas que no se pueden entender si no las vivís.
– Me estás queriendo decir que esta entrevista no tiene sentido... – ¡No! Yo no digo que no vale la pena hacer el intento. Lo que quiero decir es que no se puede estar en la piel del otro, salvo que te pase lo mismo, o algo muy parecido. Yo creo que sí tiene sentido que vos quieras preguntarme a mi lo que me pasa. Ojalá muchos hicieran eso antes de ponerse a hablar en vano, ¿no?
– ¿Pensás que lo que te tocó -o te toca- vivir es lo peor que te pudo haber pasado? – Ahora no, pero en el primer momento lo pensaba. Llegué a pensar en que hubiera sido preferible la muerte. Ahora lo veo absolutamente distinto. Creo que ahora puedo ver el lado bueno de todo esto.
– ¿Cuál es el lado bueno? – Aprender. Yo aprendí muchas cosas que no sabía, y que nunca hubiera aprendido. No son cosas que podés leer en un libro. Yo no sabía que un día es algo tan importante. No sabía que tener claro lo que uno quiere de la vida es tan necesario, que no se puede vivir sin un objetivo, porque eso no es vivir, sino dejarse estar. Cuando a mí me dijeron que estaba infectado, yo pensé: "y bueno, me quedarán dos años de vida..." Resulta que pasaron los dos años, y yo seguía acá. Y cada año que pasaba yo pensaba: "este fue de regalo", "este fue de regalo"... ¡Y todos son de regalo! La vida es un regalo, ¿entendés? La vida no te la das vos mismo, no es algo que te compraste en el quiosco. Cada día es un regalo. Eso no lo sentís cuando no te pasa nada, y no pensás que te podés morir. Pero cuando te dicen: tenés sida, o cáncer, o algo por el estilo, ahí sentís lo que vale cada año, cada mes. Y pensás "me voy a morir", ¡como si por eso fueras una excepción! Qué gracioso, todos nos vamos a morir... pero mientras no te pasa nada, no lo pensás.
– ¿En qué te cambió darte cuenta de eso? – En todo. Yo cambié. Dejé de preocuparme por estupideces, y empecé a ver las cosas diferente.
– Dame un ejemplo. – Lo económico es un buen ejemplo. Es super importante, pero lo tenemos sobrevaluado. Hay cosas más importantes que las dejamos en segundo plano. Yo hoy me he vuelto mucho más espiritual. Me importa que la gente se sienta bien y sentirme bien yo a nivel humano. Pensar que la vida no es sólo el trabajo, las cuentas, el auto que te querés comprar, la ropa... Esas cosas están ahí, no las desprecio. Pero la vida es otra cosa. La vida es convertirte en una persona. Ser feliz. Constuirte un ambiente de felicidad para hoy y para mañana. Sentirte respetado y querido. Pensar en forma trascendente. Bueno, che, no me hagás parecer el que se las sabe todas..!
– ¿Qué pasa, te da vergüenza haber crecido? – No, para nada. Pero siento que poca gente piensa así, y yo no me quiero hacer ahora el que la tiene clara. Yo solamente te digo lo que me pasó. A lo mejor, si no me hubiera infectado, hoy te estaría diciendo algo muy distinto. O no. A lo mejor a cada uno le pasa lo que le tiene que pasar para llegar a donde tiene que llegar. A mi me tocó esto. Pero ojo, te voy a decir algo. Mucha de la gente infectada que conozco también ha cambiado y mucho. Y todos para mejor. A algunos les ha pegado muy mal, no han sabido hacerle frente, qué se yo, y los ha superado. Pero la mayoría se ha replanteado las cosas y ha crecido. A otros no los han dejado. Yo escucho hablar mucho de la discriminación y pienso: ¿sabrán de qué están hablando?.
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