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Introducción
La información representa uno de los deberes fundamentales de los médicos, a tal punto que merece un lugar preponderante a la hora de evaluar la conducta del galeno ante un proceso de tipo civil. En efecto, para entender la importancia de dicha obligación, debemos partir de esta base: la relación médico paciente particulariza un "contrato de prestaciones médicas", basado en uno de los elementos fundamentales que es la buena fe. El objeto de esa relación contractual se basa en que el médico asume un rol de respeto y probidad hacia el paciente, y se responsabiliza por una obligación de medios, no de "resultado". Lo expuesto significa que el médico se compromete a poner en pos de la recuperación o mejoría del paciente no sólo los recursos que estén a su alcance para obtener un resultado óptimo en el tratamiento de la enfermedad, sino además, todo su buen saber y entender en la prestación médica. Bien es sabido que el consentimiento del paciente juega un rol preponderante en dicha relación, por lo que ello habilita sin vacilación al médico a actuar sobre la patología respectiva, realizando los estudios o tratamientos que sean apropiados para cumplir el objeto propuesto: la cura o mejoría de salud del paciente. Esto implica en muchas ocasiones avanzar sobre la integridad física del paciente con daños - aunque previsibles-, pero que son la opción al mal menor frente a la enfermedad que los aqueja. Esos estudios o prácticas, que en muchas ocasiones se traducen en intervenciones quirúrgicas o en tratamientos que causan dolencias físicas o dejan secuelas en los mismos, requieren el consentimiento del paciente. Pero, para que ese consentimiento opere como una llave para que el galeno actúe con la libertad necesaria sin que incurra en responsabilidad civil, es necesario que el mismo sea prestado libremente y de forma voluntaria por una persona capaz. Ahí se produce la posibilidad del paciente de exigir al profesional la observancia de los principios y técnicas necesarias para el tratamiento de la enfermedad y el mayor celo profesional posible. Así las cosas, el deber de información al paciente por parte del médico opera como un presupuesto de ese consentimiento y se convierte al mismo tiempo en un deber fundamental dentro de las obligaciones asistenciales. Colaboró en este artículo: Dra. Ana Kinen |
La medicina, la vida y la muerte : una mirada antropológica desde la experiencia médica. Etica en la relación médico-paciente : comunicación, comprensión y confianza: 3 C de la relación.
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