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La Organización Mundial de la Salud (OMS) está pidiendo a la comunidad internacional el uso de los nombres genéricos de los medicamentos como una estrategia para abaratar sus costos y facilitar el acceso a la salud de los sectores menos favorecidos. En efecto, el nombre genérico o DCI (Denominación Común Internacional) es el verdadero nombre de los medicamentos, es decir, la denominación con que éstos se conocen y divulgan en los medios científicos y académicos. Con esa denominación no se hace referencia a la marca del producto, sino al principio activo contenido por la especialidad farmacéutica, es decir, a la parte responsable por la acción terapéutica que se espera, sea la cura de una enfermedad o la atenuación de sus síntomas. En la actualidad, la producción y comercialización de medicamentos se ha convertido en uno de los mercados más poderosos a nivel mundial. Según estimaciones de la propia industria, las ventas globales crecerían de 354.000 millones de dólares en 2000, a 406.000 millones en 2002. Pero el crecimiento de esta industria no asegura que los medicamentos estén al alcance de todos. En países donde un gran porcentaje del gasto en salud se invierte en remedios, el acceso del 100% de la población no está garantizado. Es evidente que el mercado de medicamentos no tiene las mismas implicancias políticas, sociales y económicas que el mercado de electrodomésticos u otros bienes no esenciales. Sin embargo, la venta de remedios se realiza con las mismas estrategias que se utilizan para imponer otros productos. Se apela al marketing de marcas y a innovaciones de forma, que nada tienen que ver con el poder terapéutico de los remedios. En este marco, la OMS advierte una necesidad universal de controlar la comercialización de fármacos, caracterizado por una demanda que por lo general no puede postergarse a voluntad y por la supremacía de las marcas sobre las denominaciones genéricas y el contenido real de los productos. Para los expertos, el predominio irrestricto de las marcas contribuye a la irracionalidad en el uso de los medicamentos; favorece un crecimiento desproporcionado del gasto en salud y, fundamentalmente, impide que un bien de primera necesidad, esencial para el bienestar de los pueblos, se ponga al alcance de todos. La priorización de los nombres genéricos por sobre las marcas de los productos farmacéuticos será, según OMS una estrategia eficaz para revertir esta situación.
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Los eventos estresantes activan mecanismos bioquímicos que disminuyen la respuesta inmunológica del organismo.
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