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En la ciudad italiana de Milán se encuentra bajo prueba un dispositivo para controlar el peso, propuesto como una solución para la obesidad. El denominado "pacemaker" estimula y prolonga la sensación de saciedad, y se coloca bajo la piel del abdomen con una simple intervención laparoscópica. Según declaraciones al Corriere della Sera de su creador, el cirujano Valerio Cigaiana, del Hospital de Mestre (Milán), el dispositivo funciona, habiéndose ya probado en animales y actualmente en experimentación sobre 23 pacientes. Tiene el tamaño de una cajita de fósforos, y su promesa es la recuperación del peso normal en el lapso de dos años. El revolucionario tratamiento no requeriría de drogas ni dietas de adelgazamiento. La idea de Cigaiana es que la persona llega a la obesidad por haber perdido paulatinamente el sentido de la saciedad, ingiriendo alimentos aun cuando el cuerpo no los necesita. El aparato está pensado para el paciente gran-obeso, se instala bajo la piel del abdomen y está unido a un electrodo. Éste se inserta en la pared muscular del estómago con una pequeña y segura intervecnión laparoscópica. Según su inventor "el pacemaker envía impulsos eléctricos a la pared del estómago, obteniendo un doble efecto: por un lado regula sus movimientos, favoreciendo un vaciamiento regular del alimento; por otro estimula una serie de neuromediadores que actúan sobre los centros de la saciedad en el cerebro. El estómago, en efecto -sigue Cigaiana-, es rico en células nerviosas que producen estos neuromediadores". Los investigadores trabajan para probar que estas sustancias trabajan sinérgicamente, dando cierta información que el cerebro usa para regular la asimilación de los nutrientes. Cuando esta información se distorciona, este control se pierde y la consecuencia puede ser la obesidad. Aquellos pacientes que se han prestado a la experimentación refieren una recuperación de la sensación de saciedad, habiendo perdido paulatinamente varios kilos de peso. El problema es que el pacemaker no corregiría una disfunción, sino que reemplazaría una función que el organismo debe cumplir naturalmente, por lo cual una vez instalado en una persona, ésta debería usarlo de por vida. En el momento en que el dispositivo fuera quitado, el paciente podría perder esa capacidad de sentir saciedad y volvería a engordar. El invento ha tenido grandes repercusiones en otros países de la Comunidad Económica Europea y en los EUA, donde el problema de la obesidad es cada vez más serio.
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